Criptomonedas y tokens no son el mismo criptoactivo

Fuente Original eleconomista.es
Texto de ALEX PREUKSCHAT  el 6/11/2017 – 12:42

 criptomonedasBitcoin nació como un dinero descentralizado gestionado entre pares sin necesidad de utilizar intermediarios como bancos centrales o bancos comerciales. Con Bitcoin surge la primera criptomoneda de este nuevo ecosistema tecnológico. Las sucesivas innovaciones sobre Blockchain -como Ethereum- se han venido llamado criptomonedas también, bien por la propia inercia del término o por el auge especulador global que ha generado este mercado. Aunque en algunos casos como Ether (el token de Ethereum) es más propio hablar de token y no de criptomoneda. Una criptomoneda es aquella que se ha creado con el fin de ser utilizado como algo muy similar al dinero, cumpliendo las características y funciones del dinero. Por el momento, es todavía pronto para diferenciar claramente las criptomonedas y los tokens, pero queremos compartir hoy el debate que al respecto surgió en el grupo de Telegram de Blockchain España.

Hoy charlamos con José Antonio Bravo, economista, asesor fiscal y contable, miembro fundador de la asociación AvalBit y amigo de Blockchain España, para que comparta con nosotros sus impresiones sobre las diferencias fundamentales entre una criptomoneda y un token.

¿Qué requisitos debe cumplir una criptomoneda? ¿Qué criptomonedas son de confianza?

Podríamos definir una criptomoneda como una forma de pago digital basada en la criptografía y cuyas transacciones, realizadas de forma anónima, se anotan en un libro contable distribuido. El uso de la criptografía y del libro contable distribuido, más conocido como blockchain, otorga a las criptomonedas sus tres características esenciales: la seguridad, la descentralización y el anonimato. Me gustaría desarrollar estas tres propiedades, porque creo que son las que marcan la diferencia de las criptomonedas frente a otras formas de pago como podrían ser las tarjetas de crédito o los procesadores de pago centralizados como PayPal.

La seguridad es una característica muy importante. El uso de funciones criptográficas en las transacciones de valor que se insertan en la cadena de bloques soluciona dos de los principales problemas que aparecen en otras monedas digitales: el doble gasto (que una misma unidad o fracción de la moneda pueda ser gastada más de una vez) y la falsificación de la moneda (que puedan “colarse” monedas no autorizadas). Una vez encriptada la transacción junto con una huella de tiempo e introducida en un bloque de transacciones, los balances del emisor y el receptor se ven modificados de forma irreversible, y en la medida en que se van añadiendo nuevos bloques con nuevas transacciones -que van ligadas criptográficamente a las anteriores mediante una función criptográfica-, se incrementa la seguridad de las transacciones realizadas. Esta irreversibilidad de las transacciones, que puede ser vista como negativa por algunos, tiene una una cualidad positiva, porque evita algunos fraudes que en otros medios de pago con protección del consumidor tienen lugar. Hablamos de cuando una parte malintencionada intenta revertir una transferencia de dinero alegando que no la autorizó, cuando ya se ha realizado la transacción tanto del dinero como del bien o servicio.

Otra característica importante es la descentralización, que también le añade seguridad a la cadena de bloques en la que se contabilizan las transacciones de criptomonedas. Como he dicho antes, las transacciones se añaden bloque a bloque en un libro contable distribuido entre múltiples equipos o nodos. A diferencia de las formas de pago centralizadas, donde se suelen anotar las operaciones en un servidor único (aunque a veces se realizan copias en varios servidores distribuidos como medida de seguridad), en la blockchain se incorporan en primer lugar en uno de los equipos participantes o nodo, y posteriormente se va transmitiendo esa nueva cadena al resto de nodos conectados en el sistema. Cada una de estas transmisiones se denomina confirmación. A mayor número de nodos, mayor es la dificultad de poder modificar esta cadena de bloques, y por tanto, más difícil es que un agente externo modifique las transacciones. El motivo radica en que cuanto en una de las copias se observe una alteración de la cadena, ésta será rechazada por el resto de nodos. Por tanto, a mayor descentralización, mayor será la inalterabilidad de las transacciones realizadas. Esta es una de las características más atractivas de las criptomonedas, ya que no es necesaria la existencia de autoridades centrales ni de intermediarios que validen y autoricen las transacciones que se realizan en el sistema. Y su velocidad de confirmación es mucho mayor que en los sistemas convencionales, en los que siempre existe un tiempo durante el cual se puede rechazar la transacción realizada.

Una de las características más controvertidas de las criptomonedas es el anonimato, que algunos no han dudado en definir, de forma más acertada, como “pseudonimato”. Esta característica viene dada porque para participar en los intercambios no es necesario realizar una identificación exhaustiva ni ceder múltiples datos privados, sino que basta únicamente con poseer una cartera o wallet en las que se mantengan las criptomonedas, y desde la cual se emitan o se reciban. Sin embargo, las características del libro contable distribuido hacen transparentes todas y cada una de las transacciones que se realizan desde una wallet, y por tanto con un rastreo de las operaciones realizadas, sumadas a otras características como la IP del ordenador o el origen de las primeras criptomonedas que se incluyeron en esa wallet, o las obligaciones legales de identificación que deben realizarse a la hora de cambiar esas criptomonedas por moneda de curso legal en los llamados “exchanges” o casas de cambio, se podría intentar identificar al emisor o receptor de las monedas. Pero no obstante, esta característica del anonimato favorece al usuario a proteger su privacidad, ya que facilita que las partes intervinientes no recojan datos identificativos que vayan más allá de la mera transacción, cosa que también ocurre en las transacciones hechas en efectivo. Por tanto, más allá del matiz negativo que se le da al anonimato de las transacciones, hay que ver la parte positiva de no tener que dar más datos de los necesarios a la hora de realizar una transacción.

¿Qué diferencia hay entre una criptomoneda y un token en el contexto Blockchain?

Es importante realizar esta aclaración. En muchos medios de comunicación se utilizan de forma indistinta las palabras “token” y “criptomoneda”, debido a que las criptomonedas no dejan de ser una modalidad de token. En principio, la palabra “token” en inglés define a objetos similares a las monedas que dan derecho a disfrutar de una cantidad determinada de bienes o servicios, creados por el distribuidor de dichos bienes o servicios. Por poner un ejemplo cercano, las fichas que en la feria se intercambian por subir en una atracción o por adquirir ciertos bienes dentro de la misma.

Los primeros tokens creados en el mundo de las criptomonedas fueron los “colored coins“, bitcoins a los que se les introducía un código específico que los “inutilizaba” con la finalidad de que representaran a un activo del mundo real, de forma que ese activo pudiera ser transmitido dentro de la blockchain, y también que dicho activo pudiese transmitirse a varios intervinientes.

Con la aparición del ecosistema Ethereum (una cadena de bloques inspirada en la de Bitcoin, pero con el objeto de crear un lenguaje universal que permitiera a cualquiera crear aplicaciones autoejecutables dentro de su blockchain) se introdujo la posibilidad de crear tokens que representasen derechos sobre bienes y/o servicios fungibles y que pudieran ser objeto de comercio. Y bien podían ser materiales como lingotes de oro, activos financieros o inmobiliarios, o inmateriales como espacio de almacenamiento en disco o desarrollos de software, y también sobre servicios. Estos tokens pueden intercambiarse entre wallets, subdividirse en unidades decimales, e incluso comprarse y venderse en mercados organizados. De ahí la revolución que supone la “tokenización” de la economía, también conocida como “tokenomics”, ya que bienes y derechos que por sus características intrínsecas no podían ser objeto de comercio, al desmaterializarse mediante tokens pueden serlo con total libertad, y sin más limitaciones que las legales inherentes a estos tokens.

Posteriormente, otras plataformas basadas en blockchains como NXT, NEO, Waves u Omni (esta última construída como una cadena de bloques lateral o sidechain de Bitcoin) han permitido también crear tokens. Sin embargo la gran mayoría de los tokens existentes en la actualidad se realizan sobre la blockchain de Ethereum utilizando un estándar conocido como ERC20. En la actualidad los desarrolladores de Ethereum están trabajando en un estándar más avanzado conocido como ERC223.

Por tanto, y en mi modesta opinión, podemos considerar que las criptomonedas no son más que tokens de transmisión de valor entre usuarios.

¿Las Altcoins deben considerarse criptomonedas?

El término “altcoin” se utilizó en principio para denominar a aquellas criptomonedas que surgieron del desarrollo del código abierto de Bitcoin añadiendo características que las hacen diferentes de la misma. Por ello se las denominaba monedas alternativas o “altcoins”. En la página Coinmarketcap.com se recogen a día de hoy 875 criptomonedas distintas a Bitcoin, lo cual da cuenta de la creatividad que un desarrollo abierto de software puede crear, pero solamente 18 de ellas tienen un volumen de negociación diario superior a los 10 millones de dólares.

Las altcoins servían en principio como banco de pruebas de modificaciones de programación que podían realizarse dentro de Bitcoin, y algunas de las que surgieron de estos desarrollos han seguido adelante con vida propia, como Dash, Zcash, Monero o Vertcoin.

En la medida que Bitcoin fue creciendo como depósito de valor y como medio de pago en ciertos sectores tecnológicamente avanzados, hubo quien vio una oportunidad de negocio, muchas veces deshonesto, en la creación de una altcoin. Así, realizando unas pequeñas modificaciones en las características, los mismos que las diseñaban pudieran lucrarse vendiéndolas a terceros, creando una expectativa irreal, y luego paralizando por razones diversas su desarrollo y abandonándolas a su suerte. De ahí surgió otro término, “shitcoin”, que definía a criptomonedas que eran mera fachada y no traían nada nuevo al ecosistema.

Pero no solo se produjo este fenómeno, sino que además hubo una serie de negocios fraudulentos del estilo de esquemas Ponzi o fraudes de marketing multinivel que se disfrazaron de criptomonedas, sin un software que las respaldara ni la posibilidad de comerciar en exchanges con las mismas, y con cantos de sirena que prometían a sus inversores intereses altos y la posibilidad de enriquecerese rápidamente. Con estas prácticas, captaron fondos de incautos, desapareciendo en cuanto la generación de fondos en pirámide se desmoronaba. Aquí se creó una nueva categoría que podríamos llamar “scamcoins”.

¿Cómo se podrían categorizar las criptomonedas dentro de los muchos tipos de dinero que hay?

Recientemente el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), que vendría a ser el “banco central de los bancos centrales”, publicó un trabajo titulado ‘Criptomonedas de los bancos centrales’, donde tratan la posibilidad de que los bancos centrales de los Estados creen su propia criptomoneda para aprovechar los avances tecnológicos que ello supone. En este trabajo se realiza una interesante taxonomía de los diferentes tipos de dinero basándose en cuatro características del dinero (universalmente accesible, electrónico, emitido por un banco central y par a par o P2P). Bajo esta clasificación, el dinero en efectivo sería universalmente accesible, emitido por un banco central y par a par. Una cuenta corriente bancaria sería universalmente accesible y electrónica, y las criptomonedas serían universalmente accesibles, electrónicas y par a par.

Por tanto, las criptomonedas, a diferencia de otras formas de dinero que existen, y de acuerdo con esta clasificación, salen del ámbito de emisión y control de los bancos centrales, y por tanto de los Estados, y se convierten, así, en un tipo de dinero con potencialidad propia e independiente. Esto es lo que hace de las criptomonedas uno de los descubrimientos tecnológicos más disruptores para la economía del siglo XXI, y por ello recomiendo estar atento a las mismas, ya que nos pueden llevar a escenarios todavía desconocidos y muy interesantes.

José Antonio Bravo, economista, miembro fundador de AvalBit y Nodo amigo de BlockchainEspana.com.

Alex Preukschat es autor coordinador del libro ‘Blockchain: La revolución industrial de Internet’ publicado por Ediciones Gestión 2000 (Grupo Planeta) ya disponible a la venta en Amazon.es y en la Casa del Libro, cuyas novedades se pueden seguir en @LibroBlockchain y LibroBlockchain.com, la novela gráfica ‘Bitcoin: la caza de Satoshi Nakamoto’ @BitcoinComic y como Nodo Coordinador de BlockchainEspana.com@BlockchainES.

Edición por Iñigo Molero @Imolman

Fuente Original eleconomista.es
Texto de ALEX PREUKSCHAT  el 6/11/2017 – 12:42